martes, 26 de octubre de 2010

Campaña por el Respeto

* Fernando Gómez Casas

A propósito de una campaña que desarrollamos en Proyecta, me parece interesante compartir los principios básicos que, como muchas cosas en nuestros países, siendo obvios, en general no los aplicamos.

En el día a día, los oficios laborales ocupan una parte muy importante de nuestro tiempo y aún así, en la mayoría de los casos sentimos que nuestras compañías no ofrecen un ambiente favorable al desempeño. Sin embargo, por dependencia del trabajo o escepticismo frente a la posibilidad de que las cosas mejoren, resistimos situaciones absurdas volviéndonos, en muchos casos, parte del problema y no de la solución.

En tanto los casos exitosos evidencian que un factor determinante para el cambio es la alineación de incentivos y objetivos, es tiempo de empezar a definirlos, acogerlos y exigirlos en nuestras compañías. No pretendamos cambiar una sociedad, si no somos capaces de empezar por cambiar nuestras empresas.

Es cierto que en nuestra apretada agenda del día, tenemos que cumplir con muchas tareas y objetivos empresariales, pero también es cierto que pocas veces caemos en cuenta que la forma como los desarrollemos es el determinante de nuestro bienestar. En nuestras empresas, y en general en toda la sociedad, nos enfocamos en el resolver el qué y no el cómo y allí hay un gran problema. El cómo, involucra a los demás, los roles, talentos, necesidades y recursos disponibles. Al resolver el cómo pensamos en los demás y no sólo en nosotros mismos. Dejamos de ser egoístas y aparecen una serie de necesidades empresariales como el trabajo en equipo, liderazgo, resolución de conflictos, etc.

En suma al intentar resolver el cómo, aparecen los individuos alrededor. Requerimos resultados de cada colaborador pero a su vez entendemos que para eso debemos ofrecer condiciones favorables. Necesitamos obtener lo mejor de cada miembro del equipo ya que son condición “sine qua non” para un resultado exitoso y es allí donde encontramos que la fórmula mágica para optimizar el trabajo de los demás y a la vez mejorar el clima organizacional, es el Respeto.

Respeto es saber comunicar, por vía oral y escrita y tiene que ver tanto con el fondo como con la forma de expresarnos. Nuestra presentación personal y las buenas maneras son respeto, pero también lo es el correcto uso de herramientas como el teléfono. Una comunicación respetuosa debe darse en doble vía, de abajo hacia arriba, pero mucho más de arriba hacia abajo. El respeto es comunicarnos reconociendo relaciones entre iguales con roles diferentes y valorando el tiempo de los demás tanto como el propio. Estas primeras reglas de juego distensionan las relaciones y producen alivio en el clima organizacional.

Pero el respeto no es sólo la comunicación. Normalmente lo asociamos con tener buenos modales y utilizar bien el lenguaje, pero esa es sólo una parte. Respetar también consiste en facilitar el trabajo de los demás y a la vez hacerlo más productivo, todo lo que se logra con planeación.

Una de nuestras mayores críticas a la sociedad es la falta de planeación. Estamos acostumbrados a ejecutar sin planificar ni presupuestar. Es por eso que grandes obras de infraestructura se convierten recurrentemente en elefantes blancos y también la razón por la que en nuestras empresas no logramos impactar ni trascender. No pensamos en maximizar nuestros recursos humanos o físicos y como exponía anteriormente, nos concentramos en el qué.

Por planeación se entienden actividades como definir la agenda y prioridades de las reuniones, precisar hora de inicio y terminación, delimitar roles de los asistentes y fijar objetivos de la reunión. Así mismo, empoderar nuestro equipo con la posibilidad de tomar decisiones propias del cargo, revisar las tareas en los tiempos exigidos y evitar la pérdida de tiempo. Finalmente, en la planeación se define la forma como ejecutamos el trabajo evitando reprocesos, todo lo que demuestra respeto por los demás y a la vez genera eficiencia.

Recuerdo el caso de un ingeniero de una empresa importante que me contaba como dentro del informe mensual, le exigían que coloreara un mapa para que se viera mejor. Es ilógico pero no extraño que los jefes impongan tareas demasiado simples para el nivel de entrenamiento de sus colaboradores y/o que éstas sean de bajo impacto para la compañía, lo que desmotiva y afecta el desempeño del recurso humano.

En suma, el respeto es entender que cada individuo tiene el mismo valor dentro de la organización, pero un rol diferente. Cada quien tiene un entorno diferente al trabajo y por tanto el tiempo dedicado a las familias es más valioso que el de la empresa. En otras palabras, las compañías no son dueñas de su gente y respetar este hecho genera un clima organizacional más favorable con el consecuente incremento en eficiencia y productividad.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Más Análisis Económico para evitar “mercados negros”

*Fernando Gómez Casas

En los últimos años se ha producido una tendencia literaria que analiza temas sociales a través de ejercicios económicos. Tal vez el primer “best seller” que abordó este tipo de ejercicios fue el libro “Freakonomics” (recomendado) en donde los autores intentaron demostrar, por ejemplo, que una política de legalización de abortos en los años 70 y 80 en Nueva York, tuvo un efecto de reducción de la delincuencia dos décadas más adelante.

Más allá de la validez técnica del ejercicio o de que exista el consenso moral en una sociedad para aprobar leyes como la legalización del aborto, lo más valioso de estos libros, es el aporte novedoso de cómo abordar circunstancias de la vida analizándolas desde perspectivas diferentes a las obvias.

Este tipo ejercicios cada vez son más aplicados en la formulación de políticas públicas en lo que se ha denominado “análisis económico del derecho”, a través del cual se busca medir los impactos de las decisiones de los gobiernos sobre sus ciudadanos, considerando aspectos diferentes al tradicional “deber ser”, tales como estilos de vida, preferencias, comportamientos, creencias, etc.

Ya que por estos días estamos estrenando gobierno en Colombia y diariamente se proponen proyectos de ley con objetivos loables de desestímulo de prácticas perversas como la corrupción y la extorsión, entre otros, en algunos casos se hace evidente la ausencia del análisis económico sobre estos proyectos.

Se debe insistir que las propuestas son bien intencionadas y juiciosas, pero la falta análisis interdisciplinario las lleva a soportarse en comportamientos antieconómicos, con lo que su impacto esperado es bastante reducido.

El primer ejemplo puede ser una propuesta del Ministerio de Defensa que tiene por objetivo la reducción de extorsiones a través de la penalización al pago de las mismas. En otras palabras, se pretende imponer una mayor responsabilidad no al victimario que delinque ni al Estado que permite que se delinca, sino a las víctimas que tienen la posición más desventajosa pues no tienen una capacidad de defensa legítima (como el Estado) ni ilegítima (como el delincuente).

La víctima reconoce en muchos casos como su alternativa “maximizadora de beneficios” el pago de la extorsión, ya que reduce el riesgo de pérdidas mayores. En suma su costo de oportunidad es menor con el pago de la extorsión.

Es insensato pensar que el extorsionado es un delincuente por solventar situaciones que el Estado en muchos casos no puede garantizar, pero es más inconveniente aún, aplicar políticas que son ilegítimas desde el punto de vista de la percepción social, pues para la sociedad el extorsionado es una víctima. Esto es ejemplo de una medida antieconómica.

Un segundo ejemplo tiene que ver con un proyecto de ley presentado por el Ministerio del Interior en el que se busca la reducción de la corrupción penalizando los aportes a campañas políticas a través de la imposibilidad de contratar con el Estado.

Si bien los promotores de la iniciativa han sido elegidos popularmente en múltiples oportunidades, pareciera que su expectativa con la aplicación de esta ley es que se genere una separación espontánea entre política y economía en la que de ahora en adelante, se respeten los límites y prime el interés general. Lamentablemente los empresarios y políticos no se van a volver “angelitos” deseosos del interés general porque, como se ha explicado en otros artículos, no es su naturaleza.

Mientras el gobierno espera que se acabe la financiación privada de las campañas políticas, lo que muy seguramente ocurrirá es que toda la financiación se produzca por debajo de la mesa con acuerdos invisibles a la sociedad y que por tanto terminen potencializando la corrupción.

Como se ha afirmado en otros artículos, hasta que no se legalice el lobby como en países desarrollados y mientras exista un "mercado negro" de influencias, no se sanará la desmedida corrupción.

Lo deseable desde el punto de vista económico no es penalizar más, sino revelar las relaciones entre privados y hacedores de política, de manera que toda la sociedad pueda juzgar de forma más argumentada si existe algún tipo de favorecimiento por parte de funcionarios públicos. La solución al problema no es taparse los ojos con la idea de que la represión modificará las malas prácticas, sino visibilizar las relaciones entre los agentes.

Sobre este último punto, es interesante sentar una posición frente a la opinión crítica generalizada a la recién elegida Contralora General de la República por afirmar que en la entidad tendrán cabida los partidos políticos de acuerdo con su representación en el legislativo.

Si bien esta afirmación genera un fuerte impacto por atípica e inusual, al analizar el “deber ser” de un funcionario público en un Estado moderno, se debería aplaudir dicha posición. En todo gobierno se debe lograr que todas las acciones de los funcionarios públicos sean precisamente públicas, y que no existan estrategias debajo de la mesa para favorecer a unos u otros.

En una democracia, es natural que los cargos públicos sean ocupados por representantes de los partidos más fuertes, es decir los que cuentan con el mayor apoyo ciudadano y por tanto reconocerlo no debería causar rechazo.

Más aún, es deseable que en los gobiernos se conozca de dónde viene cada funcionario, a quién representa, qué partido y qué grupo de poder lo influencia y de esa forma ejercer una vigilancia sobre las decisiones cotidianas de su gestión. Conocer estas relaciones proporcionaría más claridad, transparencia en la gestión y por tanto permitiría una mejor veeduría así como castigo severo, todo lo que limita las posibilidades de corrupción.

En general no deberíamos dejarnos llevar por opiniones sustentadas en una moralidad irracional y vacía de provecho social. Necesitamos realizar análisis económico sobre las políticas para generar transparencia y facilitar las auditorías. Es conveniente que las relaciones entre los agentes económicos se hagan por encima de la mesa y no seguir contribuyendo con la generación de “mercados negros” que tienen tan alto costo para la sociedad.

jueves, 12 de agosto de 2010

"El vivo vive de..." toda la sociedad

* Fernando Gómez Casas

En los artículos anteriores se han abordado temas de estrategia para el éxito empresarial, acciones requeridas que conducirán a hacer más propicio el ambiente en los negocios, y algunos temas de desarrollo económico. En éste caso se pretende comentar un aspecto fundamental en los negocios: la ética empresarial.

En Colombia y en general en Latinoamérica nos preciamos de cosas absurdas. Hay que reconocer que algunos aspectos de nuestra cultura, que deberían llamarse de otra manera, terminan influyendo la forma de asumir las relaciones de negocios. Esto hace muy difícil generar círculos virtuosos de prosperidad.

En los niños, se inculcan con frecuencia conceptos como “no se deje” en su relaciones con compañeros y no es raro oír en la calle que “el vivo vive del bobo”. Estos conceptos de nuestro imaginario social se trasladan a los negocios y generan desconfianza del mercado, todo lo que finalmente deteriora las relaciones empresariales. Es bueno preguntarse si existe algún modelo de desarrollo exitoso que tome como supuestos básicos la desconfianza y mala fé de unos hacia otros? Es poco probable.

Las sociedades requieren generar políticas públicas que alivien los procedimientos y burocracia, aligerar las cargas del poder judicial y evitar demasiada policía. En otras palabras, es necesario que los modelos de comportamiento presuman la buena fé en las relaciones.

Además desde la perspectiva de la gerencia, es absolutamente conveniente que los acuerdos entre agentes económicos sea gana – gana, pero cómo hacer eso posible si no se tiene la intención de cooperar en un beneficio mutuo? Una gran cantidad de empresarios no soporta recibir ganancias inferiores a su asociado y es por eso que llega a considerar que es preferible sacrificar el negocio para que otro no gane.

Desde el punto de vista económico, la cooperación es la alternativa maximizadora de beneficios. En teoría de juegos se explican casos como el “dilema del prisionero”, según el cual es clara la altísima ganancia, producto de la cooperación.

Sin embargo, el pensamiento depredador y ambicioso de muchos empresarios, mina las posibilidades de construcción de una sociedad con valores. Los que aplican la ética empresarial son abusados por los demás y aún peor tildados de inocentes, mientras aquellos codiciosos denominan su comportamiento como “malicia indígena”.

Una muestra de la incapacidad de hacer autocrítica en este sentido es decir que la culpa de nuestro atraso la tienen nuestros ancestros españoles o la religión católica. Con argumentos como que los que nos colonizaron tenían pasados “non sanctos” y que esos comportamientos se clavaron en nuestra genética o que la religión no fue progresista ni la iglesia bien intencionada, lo único que construimos es un refugio para nuestra falta de ética.

En ninguna religión se justifica aprovecharse del otro. Ni tampoco son esas el tipo de relaciones que tiene un país con futuro. Mientras sigamos creyendo que ganamos en negociaciones con extranjeros de países desarrollados porque ellos son ingenuos, sólo demostramos nuestra incapacidad de ser mejores utilizando caminos limpios.

En suma, son muchas las empresas y empresarios bien intencionados, pero no importa cuál estrategia o teoría apliquemos, si en toda nuestra sociedad no cambiamos la mentalidad de sacar provecho de la situación pasando por encima de los demás, va a ser una labor casi imposible lograr el bienestar social para nuestra sociedad.

lunes, 26 de julio de 2010

Innovar es más fácil de lo que se cree

* Fernando Gómez Casas

En artículos anteriores analizamos algunos factores críticos para hacer sostenibles los negocios en el largo plazo. Concluimos que una empresa consolidada, una buena idea o un buen producto no son suficientes para garantizar el éxito y por eso es necesario buscar el factor diferenciador que permite hacer sostenible la creación de valor en una compañía. En otras palabras, se necesita que los empresarios se comprometan a innovar permanentemente.

Pero contrario a lo que muchos creen, el proceso de innovación no es algo complejo ni costoso, lo único que requiere es el compromiso de los socios o gerentes de permitirse ser más visionarios y pensar un poco más en el futuro, aceptar nuevos conceptos, romper paradigmas y estar dispuesto a cambiar.

En nuestra experiencia como consultores una de las dificultades más grandes ha sido enfrentarse a empresas con trayectoria y lograr aceptación y receptividad de los administradores. A veces ni siquiera entendí porqué nos firmaron contratos, pues con frecuencia se hacían comentarios que de fondo llevaban mensajes como: “llevo X años haciéndolo de esta forma y me ha ido bien”, “quién se cree Usted que acaba de conocer este negocio”,” su juventud o estudio no se compara con mi experiencia”, etc.

En gran parte, es cierto. La experiencia es gran consejera en momentos de toma de decisiones, pero también lo es la visión desde diversas perspectivas. Porqué no optimizar lo que se ha hecho bien y entrar en una senda de mayor creación de valor? Para hacerlo es necesario promover en las empresas la autoevaluación, la posibilidad de abordar los problemas de forma diferente y el estudio de experiencias externas que permitan sacar provecho de las curvas de aprendizaje de otros.

Para innovar es necesario tener actitud y disposición de oír lo que a veces no se quiere. Incluso en algunos métodos se recomienda contratar gente joven que produzca ideas diferentes. Es necesario aceptar la palabra “cambio” ya que en nuestro día a día nos llenamos la cabeza de prejuicios que afectan la toma de decisiones. Veamos algunos ejemplos.

Aunque no lo creamos algunas veces “vender mas NO es mejor”. Así como en la economía hay recalentamientos por sobre producción, también en una compañía es posible que vender más este conduciendo a una situación de iliquidez riesgosa en casos en que el capital de trabajo está en niveles altos.

Dependiendo el sector, “el aprovechamiento de precios bajos en materias primas para incrementar la producción NO determina un futuro boyante para la compañía”. Cuando nos encontramos en un sector con alto dinamismo y cambio tecnológico, la lenta capacidad de reacción nos puede dejar fuera del mercado con exceso de inventario.

Finalmente, “la deuda NO afecta el valor de nuestra empresa” e incluso, en casos de alto costo de financiación de los socios, puede ser más rentable incrementar el apalancamiento financiero y descapitalizar la compañía.

Esos ejemplos sencillos tienen el objetivo de generar la necesidad de autoevaluación y de aprovechar visiones y experiencias externas para el propio crecimiento. Un diagnóstico financiero que detecte malestares a tiempo, permite encontrar los tratamientos adecuados para cualquier tipo de dolencias de las compañías y abre el espacio de procesos de innovación.

El diagnóstico financiero es entonces un punto de partida que permite reconocerse financiera y operacionalmente y desde ahí potencializar los inductores de valor que a la postre serán las ventajas competitivas creadoras de valor.

A partir de la autoevaluación realizada en el diagnóstico financiero, se deben promover nuevas visiones de los problemas y analizar el resultado de competidores en situaciones similares. Sólo así se romperá con el prejuicio de muchos empresarios de micro, pequeñas y medianas empresas que creen, con la mejor intención, que sus decisiones han sido las mejores que pueden tomar y que un cambio será perjudicial en todos los casos. Es Usted uno de esos empresarios?

sábado, 17 de julio de 2010

Cómo competir en la ley de la selva

* Fernando Gómez Casas

Si bien un pilar fundamental de los modelos de desarrollo económico es la promoción del emprendimiento, en la realidad nuestros gobiernos no hacen mucho por impulsar esta iniciativa empresarial y por el contrario, promueven la concentración de la riqueza y la generación de oligopolios.

Antes de avanzar en la explicación, veamos por qué la competencia entre muchos oferentes de bienes y servicios se considera provechosa para la sociedad.

Las primeras respuestas son lógicas, pues al aumentar la oferta de empresas se logra mayor empleo y un consiguiente incremento de la capacidad de pago de la sociedad que a la postre redunda en crecimiento económico y desarrollo. Además, entre más bienes alternativos exista en el mercado, cada consumidor puede escoger el que mejor cumpla sus expectativas, mientras que al tener competencia se ofrecerá mejor calidad.

Otras justificaciones se han explicado en modelos microeconómicos que demuestran como la libre competencia produce una reducción de precios tal que se igualan a los costos de producción. En este escenario, el vendedor se apropia de lo justo y el consumidor paga lo mínimo. Este escenario se denomina “primer mejor”, pues produce el mayor bienestar social (que se compone de lo que gana el productor mas lo que gana el consumidor).

Debo aclarar que la competencia perfecta es un “objetivo utópico” pues, siendo consecuente con los anteriores artículos en los que se planteó cómo los productos únicos y con alto valor agregado son la fórmula del éxito de los negocios, la realidad no permite que se cumplan los supuestos que exige el modelo como son productos homogéneos. Sin embargo, es claro que las políticas públicas del Estado deben propiciar la competencia.

Habiendo comprendido porqué la competencia entre muchos participantes es provechosa para toda la sociedad, analicemos las incoherencias en el proceso de iniciativa empresarial.

Para desarrollar su idea, un emprendedor requiere capital que, en la mayoría de los casos, no posee. En un país como la China el emprendedor recurriría a los bancos de fomento y/o fondos de capital de riesgo que evalúan sistemáticamente las ideas y las apalancan a través de una compensación con participación en el proyecto. En Latinoamérica, el emprendedor deberá ir a un banco comercial a que evalúen su capacidad financiera y le digan si es susceptible de endeudarse. El resultado general del sistema es que sólo quien tiene recursos económicos y suficientes garantías y/o colaterales, es receptor de financiación, que además es más costosa, por ser calificado de “alto riesgo”.

Una vez el emprendedor obtiene financiación y su compañía entra en operación, debe buscar oportunidades de negocios en el Estado y/o en el sector privado.

El Estado, casi con total certeza, es una puerta cerrada. La oportunidad se ofrece sólo al que tiene capacidad financiera y alta experiencia. Una compañía en una licitación debe demostrar solidez con indicadores financieros que, en muchos casos, no tienen sentido. Se exige normalmente el Capital de Trabajo, calculado como activos corrientes menos pasivos corrientes, que no demuestra en absoluto la liquidez requerida para la ejecución de un contrato (no profundizaré la crítica a la forma de evaluación de licitaciones que permite extensos análisis al respecto). Por otro lado, se solicitan años de vida de la compañía y una experiencia específica que parece premiar a los contratistas de siempre frente a los nuevos.

En cuanto a la competencia privada, es difícil robar porciones de mercado a empresas que habiendo recuperado sus inversiones iniciales tienen una productividad naturalmente mayor. No hay costos fijos, existen economías de escala y la curva de aprendizaje genera un “know how” con el que es difícil competir. Pero como si el reto fuera poco, los acuerdos de estabilidad y la capacidad de lobby que tienen las compañías grandes, son otras ventajas sobre los pequeños empresarios que sienten que se les "roba" gran parte de su futuro en impuestos.

Cómo sortear esas dificultades? Primero que todo, con ideas sólidas y bien fundamentadas, mejor entrenamiento y educación de calidad enfocada a la capacidad de generar proyectos nuevos.

En muchos países se obliga a que dentro de las asociaciones contractuales, un porcentaje se ceda a compañías nuevas que demuestren calidades de sus administradores, pero no las "palancas" (soporte financiero, know-how, etc) que es imposible tener cuando se está empezando un proyecto.

Es menester del Estado tomar conciencia de la situación y tornar ese ambiente adverso y casi hostil al emprendimiento, que más parece una ley de la selva, hacia el verdadero objetivo del desarrollo que es aumentar en el tamaño de la oferta empresarial y que al fin producirá el bienestar social que requerimos.

domingo, 11 de julio de 2010

Una reconquista más diplomática

* Fernando Gómez Casas

La inversión extranjera ha sido presentada como una condición “sine qua non” en los modelos de desarrollo económico. Se habla a los estudiantes de la importancia de recibir recursos externos que traen círculos virtuosos de transferencia del conocimiento, empleo, producción y bienestar. En ese sentido, para los gobiernos se ha hecho imperativo generar cláusulas y contratos de estabilidad jurídica que generan camisas de fuerza a los hacedores de políticas públicas frente a la posibilidad de modificar las reglas de juego para los extranjeros.

Hasta allí, pareciera que esa tesis y su implementación tiene total sentido y la verdad, hasta hace unos meses, para mí también lo tenía.

Sin embargo, en una visita realizada hacia medidos del 2009 a Madrid, tuve la oportunidad de entender el verdadero alcance en la aplicación de este criterio y observar la inmensa distancia entre lo que es una tesis interesante en el papel y una cruda realidad.

No critico las espectaculares instalaciones del Banco Santander en las afueras de Madrid que más parecen un club de golf, ni las obras arquitectónicas inteligentes de Telefónica, al contrario las admiro y reconozco que por momentos me hizo soñar con la sala de juntas que quisiera tener en mi compañía.

No le quito mérito a los sagaces empresarios que generan riqueza en otros países y que mejoran el bienestar en el propio. Al contrario, eso lo considero un deber ser para cada habitante del mundo. Tampoco critico el discurso estratégico en el que al menos el 70% de las ventas de esas corporaciones las genera LATAM (abreviación utilizada en el mundo para Latinoamérica), pues creo en la competencia global en que ganan los mejores.

Acepto que no me gusta la doble moral que evidencian al expresar que se debe tener cuidado con Hugo Chávez, mientras la Venezuela actual es el mejor socio generador de riqueza, y aún así no reprocho esa visión de sus accionistas.

No comparto pero respeto las críticas españolas a los esquemas de regulación banacarios colombianos por ser muy “severos” y faltos de “visión estratégica”, mientras que se alaban los entes reguladores en el Perú, porque han permitido la "colaboración multinacional" en la generación de los alcances en la supervisión y control. Supongo yo que su capacidad de influencia política es legítima.

No los critico porque son privados, que como lo explique en artículos anteriores, tienen el natural objetivo de generarse riqueza. La pregunta es: qué estamos haciendo en Latinoamérica para que su riqueza generada en nuestro mercado incremente nuestro bienestar social?

Lo que si era por lo menos chocante para mi, era pensar que aunque hemos contribuido con su riqueza, yo tenía familiares casi explotados por esas multinacionales en Colombia y que los abusos de autoridad eran “vox populi”, mientras en Madrid existe un estado de bienestar para los empleados, que se transportan en buses dentro del complejo bancario y tienen acceso a canchas de tenis, campos de golf, etc. Cuál es entonces la verdadera riqueza que nos genera la inversión extranjera?

Mientras nosotros en Latinoamérica pensamos en acuerdos de estabilidad y condiciones de competencia más favorables frente a los competidores locales, a través de muchas multinacionales se ha producido una reconquista menos violenta y más diplomática en la que el tratamiento económico parece no ser muy diferente del histórico, y al final, dejamos en desventaja nuestros empresarios locales para quienes como yo mismo lo he recomendado al Estado, la estabilidad no implica asegurar la ganancia ni favorecer intereses privados sobre los públicos.

lunes, 5 de julio de 2010

BP: Cómo un elefante cabe por el ojillo de una aguja...

* Fernando Gómez Casas

Dos situaciones de actualidad, como son el derrame de petróleo de la British Petroleum Company en el golfo de México, y por otro lado el Mundial de Futbol, permiten analizar un concepto a tener en cuenta en la toma de decisiones, la racionalidad limitada. Este concepto implica que cada ser humano tiene una inteligencia relativa, que aplica eficientemente a la hora de definir el objetivo de vida que maximiza su bienestar (no importa si es a corto o largo plazo), pero no siempre la aplica para la escogencia de los caminos para alcanzarlo.

El caso de la British Petroleum es la demostración de cómo por una situación gravísima de coyuntura, sumada a la aversión al riesgo que aterroriza al inversionista, le lleva a tomar decisiones irracionales. La evidencia que se presenta es que el efecto negativo en los resultados financieros de la BP son muy superiores a la valoración de la situación adversa. En otras palabras, una crisis que según los analistas ha consumido U$3.000 millones y que máximo podría llegar a los U$23.000 millones, ha generado, hasta ahora, una caída del valor de la compañía de casi $70.000 millones. Así, más allá del grave daño ambiental y las responsabilidades de sus administradores, la decisión de venta de los inversionistas ha generado un círculo vicioso en el que el problema se profundiza y se termina perdiendo mucho más que el costo que debe asumir la compañía por el derrame. Este tipo de situaciones que crea peligrosas burbujas de expectativas han sido las culpables de muchas crisis económicas. Los inversionistas quieren ganar altos dividendos en el tiempo, pero ante una pérdida, actúan quitándole más valor a sus recursos, así, cabe preguntarse: Le alcanzará la cantidad de petróleo a la BP para tapar el orificio de expectativas?

Por otro lado, un partido del Mundial de Futbol permite hacer un símil con la incapacidad de tomar buenas decisiones en una empresa. Una tragedia latinoamericana como fue la derrota de Brasil, explica el concepto. Durante el primer tiempo parecía un equipo imbatible, pero una vez cometió un error que le valió por el primer gol en su contra, acabó con todo el esquema de juego e incluso más pareció un equipo de la tercera división en Colombia. Qué le pasó? La razón se encuentra por el lado de la sicología y no de la preparación de los atletas. Un equipo de futbol, como una empresa, sufre de incapacidad de actuar de manera lúcida en momentos de dificultad. Todo el talento, la capacidad y experiencia se esfuman al ponerse en duda dentro de la mente de los jugadores. No se puede ser lo que no se cree ser y más allá, actuar de forma racional es más fácil en momentos de estabilidad y no de crisis.

En suma, la aplicación de los principios financieros, económicos, legales, administrativos y estadísticos, hacen posible encontrar decisiones óptimas de manera relativamente fácil. El desafío consiste en poner en práctica esas decisiones que son afectadas por la sicología de los individuos especialmente en los momentos de crisis. Decirle a un accionista de la BP que no venda, va más allá del ejercicio financiero. Lograr que un jugador de Brasil juegue como lo hace siempre, requiere más que palabras. Es por eso que cualquiera sea la disciplina empresarial en que cada uno se desempeñe, en muchos casos es mejor actuar como sicólogo y no matemático a la hora de recomendar acciones. Cada persona tiene en su interior una carga de sentimientos, expectativas y emociones que es conveniente interpretar para entender porqué en ocasiones y por la racionalidad limitada del ser humano, un elefante cabe por el ojillo de una aguja.

sábado, 26 de junio de 2010

En el Estado no hay ángeles

* Fernando Gómez Casas

Todos los seres humanos en mayor o menor medida tenemos un comportamiento común: queremos más dinero que menos.

Es una condición natural que los economistas denominan “racionalidad económica” y que implica que más allá del grupo social al que pertenezcamos, de nuestra vocación, principios y valores, si nos ponen a elegir entre dos escenarios con condiciones similares, seleccionaremos aquel que genere mayores ingresos.

Este supuesto clave, aplicado permanentemente desde la economía clásica para resolver modelos de comportamiento humano, extraña e insensatamente, ha sido excluido de los principios del Estado, especialmente en países como los nuestros, lo que ha propiciado las prácticas de corrupción.

Muchos son los escenarios para analizar el problema de la corrupción de nuestros países, muchas las hipótesis para justificarla, pero casi todos los antídotos para combatirla se han concentrado en la aplicación severa de la ley y no en lo razonable, que es un ajuste de incentivos del empleado público como agente económico que es.

Hace un poco más de un año, me invitaron a presentar una conferencia sobre Control de Prácticas Comunes de Corrupción, en el marco de un Foro del Ministerio de Ambiente y Vivienda en el que se planteó que la corrupción persistirá hasta tanto no se cambie la moral irracional del Estado que considera al empleado público como un ser desinteresado de su propia ganancia y para quien el beneficio social está situado muy por encima del propio (ponencia completa en www.proyecta-sa.com).

Es importante aclarar que estos conceptos ya han sido analizados por autores como Peltzman en la década de los 70, en los que se reconoce la importancia de realizar modelos de eficiencia en políticas públicas bajo captura del regulador.

Siendo lógico que el empleado público tiene racionalidad económica, hasta cuándo vamos a mantener en el Estado un sistema de incentivos de doble moral y que propicia la corrupción?

El costo de una campaña política es, cuando menos, cuatro veces más que la sumatoria de los salarios ofrecidos para el cargo al que se aspira, e incluso con el reconocimiento económico de una parte de los votos por el Estado, al menos la mitad del costo de la campaña esta desfinanciado. No es lógico que si se busca ganar, las campañas políticas requieran financiación privada? Y si las empresas ofrecen apoyo económico, no es razonable que requieran recuperarlo en el tiempo? Esta situación evidencia la doble moral en la que preferimos taparnos los ojos ante una realidad evidente, antes de proponer mecanismos que al hacer visibles las prácticas, permitan socializar los resultados.

Un empleado público tiene asignado un salario bajo, por lo que cualquier profesional de alto nivel, a menos que reciba beneficios adicionales, en general optará por el sector privado. Además, el funcionario público tampoco tiene incentivo natural a hacer una buena gestión ya que a diferencia del sector privado, en el Estado se castiga lo malo pero no se premia lo bueno.

Hasta cuándo vamos a preferir un sistema de doble moral antes de abordar la discusión para generar políticas tendientes a mejorar el ingreso de los funcionarios del Estado, promover incentivos al éxito en la gestión y generar posibilidades de hacer lobby de manera legal con claridad en las reglas de juego para todo el sector privado?

No es suficiente realizar un esfuerzo legal y judicial sino que se requiere generar incentivos al funcionario público que reduzcan intereses ilegales de favorecimiento individual, e igualmente incentivos al el sector privado, para fortalecer la institucionalidad, reglas de juego y temor por castigo severo a los corruptos.

sábado, 19 de junio de 2010

Historia de un desafío emprendedor

*Fernando Gómez Casas

Durante mi corta experiencia profesional previa a Proyecta me aterraron muchas cosas. Los empleados tenían miedo constante de sus jefes - que no eran considerados personas sino emperadores de un mundo lejano -. No había amistad en términos verticales de línea jerárquica y la vida personal de cada uno debía estar muy aparte de la empresa. Se observaba con recelo aquellos que salían a la hora en punto o que se tomaban todo el tiempo de almuerzo. La calificación del buen empleado se disputaba entre aquellos que más trasnochaban en la empresa y los que a toda costa querían ser reconocidos ante los jefes.

En ese mundo empresarial en que me sentía corto de inspiración y desmotivado por la larga carrera que me negaba a recorrer para ascender un cargo, me encontré también la posibilidad de gestionar proyectos, a través de empresas de servicios públicos con participación privada. Reconocí entonces otra dura realidad. La intención de muchos empresarios era la de obtener dinero de la manera más fácil, capturando al Estado y a costa de la sociedad. Muchas empresas colombianas debían su éxito a las relaciones y no al sustento técnico de sus administradores. Y entonces, qué camino seguir si no me interesaba hacer carrera en una gran empresa sin corazón frente a la gente, pero tampoco quería hacer parte de empresas exitosas por sus relaciones pero sin corazón frente a la sociedad?

En medio de esos dilemas, y dado que se empezaron a presentar una serie de eventos favorables y coincidencias, que los creyentes reconocemos como “apoyo de Dios”, PROYECTA empezó a ser una alternativa viable de vida, una razón de lucha, una justificación para emprender nuevos proyectos.
Siendo muy corto un camino de siete años, en este momento sabemos con certeza, qué podemos recomendarle a los emprendedores del futuro.

• Un proyecto no puede consistir simplemente en buscar dinero. Es necesario estructurar ideas con un ánimo de cambio social, apoyo a la gente, mejoramiento de los recursos, etc., y cada una de ellas, estando bien concebida, traerá la compensación económica. En general, la ganancia financiera es un resultado, no un objetivo. Es lo que legitima una idea y la diferencia de un proyecto mafioso. Esta concepción, además de traer mayor “confort” desde el punto de vista humano, empieza a generar círculos virtuosos de crecimiento. A nadie le molesta pensar que otro genere cosas buenas, y por tanto, su reputación y el goodwill se incrementa.

• La eficiencia de una empresa o proyecto depende, en una altísima proporción, de los que en ella laboran. En una clase en Madrid escuché la perfecta definición de un principio que aplicábamos en Proyecta: “los socios invierten su dinero en las compañías, los empleados invierten su vida”. Es momento de generar tratos igualitarios, reconocer las necesidades personales y ofrecer alternativas de desarrollo y crecimiento. Los estímulos no vienen exclusivamente de lo económico, muchas veces esos mismos no impactan de la forma como lo hacen otros. Cuántos empresarios hoy en día, conocen y recuerdan a los hijos de sus empleados? Cuántos han hablado con su personal de lo que quieren, lo que les gustaría tener en sus vidas? Sin embargo, todo el mundo reconoce que estando feliz se comporta mejor y produce más.

• Los otros principios se deducen de aquellos que requiere el exigente mercado. En muchas reuniones he escuchado gerentes que justifican sus méritos empresariales en la calidad de sus trabajos. Yo me pregunto: hoy en día, con un mercado globalizado, competitivo y exigente, hacer un trabajo con calidad es un diferenciador? Creo que esos conceptos hay que extinguirlos de nuestra sociedad. Una empresa sin calidad, puntualidad y cumplimiento no debe ni siquiera existir. No nos diferenciamos por tener sistema de gestión de la calidad, es una obligación. Hacer las cosas bien debe estar por descontado en las empresas de nuestra región y es a partir de allí que se construyen los diferenciadores para hacer proyectos exitosos.

• Finalmente, cada proyecto que se emprenda debe contar con aquello que define su éxito o fracaso: el factor diferenciador. Este factor, que ha sido estudiado por expertos como Porter y muchos otros, se construye de manera endógena al proyecto y contiene los siguientes atributos. A través de él se logra la creación de alto valor y por tanto es valioso. Es novedoso y en esa vía no tiene competencia directa. No es fácilmente replicable por los competidores y la copia no lo permitiría igualar. Nueva pregunta, cuántos de los proyectos que emprendemos contienen diferenciadores? Con un agravante y es que la ausencia de diferenciadores conduce a que la posición competitiva no sea sostenible en el mediano plazo. En otras palabras, es imperante la búsqueda de diferenciadores en todos los proyectos, una tarea permanente que no cesa ni siquiera cuando se ha encontrado uno.

Los principios mencionados, que se han vuelto nuestra forma de vida empresarial, nos han traído compensaciones inmensas. A veces el camino se siente más largo, no hay atajos, y en muchos casos las puertas son difíciles de abrir, pero cada paso se da sobre cimientos firmes. Las expectativas son grandes y la posibilidad de contribuir al cambio estructural que requerimos se hace realidad permanentemente. En Proyecta somos optimistas por naturaleza y lo seguiremos siendo.

martes, 15 de junio de 2010

Obstáculos para el desarrollo y proyectos exitosos

*Fernando Gómez Casas

En las últimas semanas se vive un ambiente analítico sobre el futuro económico y posibilidades de desarrollo de nuestro país. A una campaña presidencial de altura, se han sumado la presentación de estudios internacionales sobre competitividad y desarrollo -como el ranking de competitividad del World Economic Forum o la presentación de Doing Business para Colombia -, y la percepción de analistas como Michael Geoghegan que se atrevió a incluir a Colombia dentro de un grupo de países con economías dinámicas, estabilidad política y población amplia, joven y en crecimiento (CIVETS).

Sin duda alguna, la economía colombiana se ha resentido menos en la crisis internacional que el promedio del mundo y sus perspectivas son favorables. Adicionalmente, en la composición de las 5.000 empresas más grandes del país, se observan nuevos sectores de talla mundial, como la tercerización de servicios, software, etc.

En fin, nuestro país está mejor que muchos otros, eso es necesario reconocerlo; sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es, qué nos hace falta para mejorar nuestro desarrollo humano, disminuir la brecha social y aumentar la calidad de vida?

Esta misma reflexión me la he planteando el último año, durante jornadas académicas que viví en diferentes lugares del Mundo. Es que acaso los colombianos somos menos imaginativos, menos talentosos o menos juiciosos que habitantes de otros países en camino al bienestar social?. Definitivamente no. En Colombia el talento se encuentra en cualquier lugar. La imaginación y la creatividad se fusionan con nuestro temperamento cálido; poseemos una cultura innata de servicio al cliente, casi inexistente en el mundo. Las ventajas competitivas provienen de nuestro ser colombiano. Entonces qué falla?

Falla la imposibilidad o falta de interés por resolver los problemas con las formulas más simples. Nos falta aplicar más sentido común y dejar de creer que para cada problema tenemos que aplicar un procedimiento único, especial, que descarta la experiencia y mucho más si ella es externa. Allí hay una situación muy extraña y es que cuando el interés de unos pocos se sobrepone a la mayoría, la lógica deja de aplicarse.

Falla la aplicación de principios de solidaridad, colaboración y trabajo en equipo. Somos una sociedad egoísta. Los empresarios no quisieran tener socios y hacen todo por evitarlos o disminuirlos. Los empleados trabajan mejor cuando son empoderados directamente. Pocas veces se lucha por el equipo y si por la figuración personal.

Falla la posibilidad de soñar. Pensamos que nadie va cambiar nada, que somos ajenos a la realidad. Que no importa quién esté hoy dirigiendo, si el que vendrá mañana puede empeorar la situación. No reclamamos nuestros derechos como sociedad. Aceptamos lo que sea y al precio que sea.

No obstante, la sociedad colombiana vista desde la óptica de muchas personas, especialmente extranjeros, tiene un altísimo potencial. ¿Quisiera saber cuántos de estas personas que nos visitan se van con mala imagen del país?. Sin embargo, el aprovechamiento de este potencial sólo generará cambios sociales en la medida en que cada Colombiano se permita sentirse más valioso, aspirar a más y comportarse como tal, especialmente exigiendo valores sociales en las decisiones de políticas públicas y promoviendo que el interés de la mayoría prime sobre los intereses particulares.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Aeropuerto: ¿Demolerlo o Potencializarlo? Construir una nueva terminal aérea en Bogotá generaría un sobrecosto riesgoso para la nación.

Fernando Gómez Casas- Especial para PORTAFOLIO

Aunque las leyes buscan las soluciones más eficientes para la deteriorada infraestructura, por qué la alternativa técnica casi siempre es inviable? La respuesta está en el análisis económico de los proyectos. Y, particularmente, en la concesión del nuevo Aeropuerto El Dorado, no cabe duda de que las ingenierías nacional y extranjera que participan en el proyecto tienen las máximas calidades, lo mismo que la Aerocivil.

Sin embargo, preocupa que la toma de decisiones sobre su construcción haya dejado de lado el análisis económico, lo que puede ser el 'talón de Aquiles' del proyecto.

Aunque todos quisiéramos un mejor aeropuerto, más grande, nuevo y con toda la dotación del caso, el costo que esto implica debió preverse desde la licitación. A través de un análisis de costo y beneficio es posible evidenciar las posibles pérdidas de bienestar social y económico que afrontaría la Nación en el futuro (es decir, todos los ciudadanos).

Cambiar las reglas de juego del negocio conlleva un costo, que como lo muestra la experiencia normalmente termina pagándose con las arcas del Estado.

Por ejemplo, la licitación permitía que el proponente ganador (antes de seis meses después de la adjudicación) hiciera una propuesta de construcción de un nuevo aeropuerto, obra que sería financiada con un mayor plazo en el contrato.

Esta cláusula es perversa en términos de los costos sociales que implica la renegociación contractual entre una empresa privada (‘armada’ con los mejores abogados especialistas) y el Estado colombiano (representado por el funcionario público de turno, que hace un esfuerzo por no quedar atrapado en las investigaciones de la Contraloría y demás’'ías’). La renegociación de un contrato sólo debería permitirse cuando cambia la naturaleza del trato y para salvaguardar la prestación del servicio público. Sin embargo, la experiencia local demuestra que comúnmente se utiliza para ajustar los contratos y para mejorar la posición de alguna de las partes (casi siempre la privada).

Los cambios de fondo, como la magnitud de las inversiones, ha conllevado a que los demás participantes en la licitación acudan a instancias judiciales para reclamar derechos vulnerados de igualdad y transparencia. Estas pérdidas de la Nación debieron cuantificarse previamente en el estudio económico para tener ideas claras del costo y del beneficio real del proyecto. La segunda gran pérdida que puede preverse tiene que ver con la remuneración que recibirá el Concesionario.

Opaín se comprometió a hacer inversiones mayores que incrementan sus costos de financiación y, por lo tanto, el riesgo de la obra.

De hecho, para que fuese viable el proyecto inicial se requería un crecimiento importante en términos del tráfico, pues se debía operar y recuperar las inversiones con apenas 50 por ciento de los ingresos brutos (porque el otro 50 se traslada directamente a la Aerocivil). Como esas inversiones van a ser remuneradas a partir del año veinte, entonces ¿cuánto significarán en valor futuro a la tasa de oportunidad del concesionario? Vale aclarar que el valor presente y la tasa interna de retorno con las que se calcula el tiempo esperado de pago después del año veinte tienen rendimientos decrecientes. Entonces, agregar un año más de contrato (después del último) no tiene mayor relevancia en el valor presente o en la rentabilidad del proyecto.

La consecuencia lógica es que la remuneración futura de las inversiones adicionales producto de la construcción del nuevo aeropuerto tiene un alto riesgo de ser insuficiente. Entonces, también hay una alta probabilidad de que después de 20 años el funcionario de turno se vea obligado a ampliar el plazo casi perpetuamente.

Pero como esto no será del todo posible, porque hay una restricción normativa, el Estado tendrá que hacer aportes directos para cumplir las expectativas financieras del concesionario o pagar las demandas que instaure (haciendo respetar los acuerdos del contrato). En cualquier caso, esto conllevará un altísimo costo social.