jueves, 12 de agosto de 2010

"El vivo vive de..." toda la sociedad

* Fernando Gómez Casas

En los artículos anteriores se han abordado temas de estrategia para el éxito empresarial, acciones requeridas que conducirán a hacer más propicio el ambiente en los negocios, y algunos temas de desarrollo económico. En éste caso se pretende comentar un aspecto fundamental en los negocios: la ética empresarial.

En Colombia y en general en Latinoamérica nos preciamos de cosas absurdas. Hay que reconocer que algunos aspectos de nuestra cultura, que deberían llamarse de otra manera, terminan influyendo la forma de asumir las relaciones de negocios. Esto hace muy difícil generar círculos virtuosos de prosperidad.

En los niños, se inculcan con frecuencia conceptos como “no se deje” en su relaciones con compañeros y no es raro oír en la calle que “el vivo vive del bobo”. Estos conceptos de nuestro imaginario social se trasladan a los negocios y generan desconfianza del mercado, todo lo que finalmente deteriora las relaciones empresariales. Es bueno preguntarse si existe algún modelo de desarrollo exitoso que tome como supuestos básicos la desconfianza y mala fé de unos hacia otros? Es poco probable.

Las sociedades requieren generar políticas públicas que alivien los procedimientos y burocracia, aligerar las cargas del poder judicial y evitar demasiada policía. En otras palabras, es necesario que los modelos de comportamiento presuman la buena fé en las relaciones.

Además desde la perspectiva de la gerencia, es absolutamente conveniente que los acuerdos entre agentes económicos sea gana – gana, pero cómo hacer eso posible si no se tiene la intención de cooperar en un beneficio mutuo? Una gran cantidad de empresarios no soporta recibir ganancias inferiores a su asociado y es por eso que llega a considerar que es preferible sacrificar el negocio para que otro no gane.

Desde el punto de vista económico, la cooperación es la alternativa maximizadora de beneficios. En teoría de juegos se explican casos como el “dilema del prisionero”, según el cual es clara la altísima ganancia, producto de la cooperación.

Sin embargo, el pensamiento depredador y ambicioso de muchos empresarios, mina las posibilidades de construcción de una sociedad con valores. Los que aplican la ética empresarial son abusados por los demás y aún peor tildados de inocentes, mientras aquellos codiciosos denominan su comportamiento como “malicia indígena”.

Una muestra de la incapacidad de hacer autocrítica en este sentido es decir que la culpa de nuestro atraso la tienen nuestros ancestros españoles o la religión católica. Con argumentos como que los que nos colonizaron tenían pasados “non sanctos” y que esos comportamientos se clavaron en nuestra genética o que la religión no fue progresista ni la iglesia bien intencionada, lo único que construimos es un refugio para nuestra falta de ética.

En ninguna religión se justifica aprovecharse del otro. Ni tampoco son esas el tipo de relaciones que tiene un país con futuro. Mientras sigamos creyendo que ganamos en negociaciones con extranjeros de países desarrollados porque ellos son ingenuos, sólo demostramos nuestra incapacidad de ser mejores utilizando caminos limpios.

En suma, son muchas las empresas y empresarios bien intencionados, pero no importa cuál estrategia o teoría apliquemos, si en toda nuestra sociedad no cambiamos la mentalidad de sacar provecho de la situación pasando por encima de los demás, va a ser una labor casi imposible lograr el bienestar social para nuestra sociedad.