* Fernando Gómez Casas
A propósito de una campaña que desarrollamos en Proyecta, me parece interesante compartir los principios básicos que, como muchas cosas en nuestros países, siendo obvios, en general no los aplicamos.
En el día a día, los oficios laborales ocupan una parte muy importante de nuestro tiempo y aún así, en la mayoría de los casos sentimos que nuestras compañías no ofrecen un ambiente favorable al desempeño. Sin embargo, por dependencia del trabajo o escepticismo frente a la posibilidad de que las cosas mejoren, resistimos situaciones absurdas volviéndonos, en muchos casos, parte del problema y no de la solución.
En tanto los casos exitosos evidencian que un factor determinante para el cambio es la alineación de incentivos y objetivos, es tiempo de empezar a definirlos, acogerlos y exigirlos en nuestras compañías. No pretendamos cambiar una sociedad, si no somos capaces de empezar por cambiar nuestras empresas.
Es cierto que en nuestra apretada agenda del día, tenemos que cumplir con muchas tareas y objetivos empresariales, pero también es cierto que pocas veces caemos en cuenta que la forma como los desarrollemos es el determinante de nuestro bienestar. En nuestras empresas, y en general en toda la sociedad, nos enfocamos en el resolver el qué y no el cómo y allí hay un gran problema. El cómo, involucra a los demás, los roles, talentos, necesidades y recursos disponibles. Al resolver el cómo pensamos en los demás y no sólo en nosotros mismos. Dejamos de ser egoístas y aparecen una serie de necesidades empresariales como el trabajo en equipo, liderazgo, resolución de conflictos, etc.
En suma al intentar resolver el cómo, aparecen los individuos alrededor. Requerimos resultados de cada colaborador pero a su vez entendemos que para eso debemos ofrecer condiciones favorables. Necesitamos obtener lo mejor de cada miembro del equipo ya que son condición “sine qua non” para un resultado exitoso y es allí donde encontramos que la fórmula mágica para optimizar el trabajo de los demás y a la vez mejorar el clima organizacional, es el Respeto.
Respeto es saber comunicar, por vía oral y escrita y tiene que ver tanto con el fondo como con la forma de expresarnos. Nuestra presentación personal y las buenas maneras son respeto, pero también lo es el correcto uso de herramientas como el teléfono. Una comunicación respetuosa debe darse en doble vía, de abajo hacia arriba, pero mucho más de arriba hacia abajo. El respeto es comunicarnos reconociendo relaciones entre iguales con roles diferentes y valorando el tiempo de los demás tanto como el propio. Estas primeras reglas de juego distensionan las relaciones y producen alivio en el clima organizacional.
Pero el respeto no es sólo la comunicación. Normalmente lo asociamos con tener buenos modales y utilizar bien el lenguaje, pero esa es sólo una parte. Respetar también consiste en facilitar el trabajo de los demás y a la vez hacerlo más productivo, todo lo que se logra con planeación.
Una de nuestras mayores críticas a la sociedad es la falta de planeación. Estamos acostumbrados a ejecutar sin planificar ni presupuestar. Es por eso que grandes obras de infraestructura se convierten recurrentemente en elefantes blancos y también la razón por la que en nuestras empresas no logramos impactar ni trascender. No pensamos en maximizar nuestros recursos humanos o físicos y como exponía anteriormente, nos concentramos en el qué.
Por planeación se entienden actividades como definir la agenda y prioridades de las reuniones, precisar hora de inicio y terminación, delimitar roles de los asistentes y fijar objetivos de la reunión. Así mismo, empoderar nuestro equipo con la posibilidad de tomar decisiones propias del cargo, revisar las tareas en los tiempos exigidos y evitar la pérdida de tiempo. Finalmente, en la planeación se define la forma como ejecutamos el trabajo evitando reprocesos, todo lo que demuestra respeto por los demás y a la vez genera eficiencia.
Recuerdo el caso de un ingeniero de una empresa importante que me contaba como dentro del informe mensual, le exigían que coloreara un mapa para que se viera mejor. Es ilógico pero no extraño que los jefes impongan tareas demasiado simples para el nivel de entrenamiento de sus colaboradores y/o que éstas sean de bajo impacto para la compañía, lo que desmotiva y afecta el desempeño del recurso humano.
En suma, el respeto es entender que cada individuo tiene el mismo valor dentro de la organización, pero un rol diferente. Cada quien tiene un entorno diferente al trabajo y por tanto el tiempo dedicado a las familias es más valioso que el de la empresa. En otras palabras, las compañías no son dueñas de su gente y respetar este hecho genera un clima organizacional más favorable con el consecuente incremento en eficiencia y productividad.
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