Derecho Laboral

EL ACOSO LABORAL UNA MUERTE ANTICIPADA
*Julián Mauricio Olano Quintero


Hubo una época en la cual cuando se hablaba de Acoso sólo se hacía referencia al Acoso Sexual y se podían escuchar todo tipo de comentarios soeces y llenos de morbo. En esa misma época, bien sea por ignorancia, convicción, temor a perder su empleo o simple resignación, los trabajadores solían aguantar todo tipo de vejámenes y maltratos, tanto verbales como físicos. Pero afortunadamente y gracias al Congreso de la República, esa época ya terminó.

Debo confesar que recién se expidió la Ley 1010 de 2.006, resulté absolutamente escéptico sobre las bondades de dicha norma, incluso alcance a sostener en público que no iba a tener aplicación práctica, no iba a servir para gran cosa y que los trabajadores no estarían dispuestos a someter esos particulares vejámenes al conocimiento de sus superiores jerárquicos, ni mucho menos de alguna autoridad pública que pretendiera suavizar o eliminar los efectos del maltrato recibido durante tanto tiempo.

Aún cuando coincidía con el Dr. Fabián Ignacio Hernández Henríquez, (Candidato a la Gobernación del Colegio de Abogados especializados en Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de Colombia), considerando que la legislación laboral existente sí tenía mecanismos eficaces para el control de situaciones como esas, desde mi punto de vista no estábamos acostumbrados a llevarlos a cabo y tratar de poner todo el peso de la ley sobre aquellos que se encargaban de lastimar a la fuerza productiva del país. Debo confesar que el tiempo se encargó de hacerme caer en cuenta lo muy equivocado que estaba.

Recientemente hemos tenido oportunidad de ver en los medios de comunicación más prestigiosos y de mayor cobertura en el país, casos de altos ejecutivos que no pueden soportar los maltratos a los que son sometidos por parte de sus jefes inmediatos con la aquiescencia tácita de la cadena jerárquica de la compañía y deciden quitarse la vida.

Cito una columna escrita por la periodista Salud Hernández denominada “El despeñadero laboral” publicado en el Periódico “El Tiempo” el domingo seis de mayo de 2.007, en el que claramente se evidencian las inconsistencias entre la versión de una empleadora que sostiene que un trabajador se suicidó por una decisión meramente voluntaria, y no lo que demostraron las pruebas que su realidad laboral indicaría: Un Acoso Laboral Permanente e Insostenible que sumado a un síndrome de Burn Out, o estar quemado por el trabajo, lo llevó a la muerte.

Según escalofriantes estadísticas del Ministerio de la Protección Social sobre querellas de Acoso Laboral, de las cuales más del Veinte por Ciento (20%) provocan una conciliación entre el acosado y el acosador y/o su empleador, en Colombia, de cada 100 trabajadores 10 son acosados por sus jefes, y otro dato, el 2 por ciento de los acosados en su oficina intentó suicidarse.

Y es que ciertamente se han prendido las alarmas, no sólo por que en el ámbito internacional ya se hayan visto ejemplares condenas a empleadores que – vía acoso laboral – causaron la muerte de trabajadores, sino por que, sin importar lo cuantioso de esas condenas, de ninguna manera logran reparar la zozobra, soledad, ansiedad, depresión y tantas otras consecuencias derivadas de la muerte trágica de un ser querido en condiciones iguales o similares a las anotadas anteriormente.

Cuando comenté un caso específico sobre el tema con una persona desprevenida, enfáticamente me manifestó que “preferiría ponerse a vender arepas que ceder ante un Acoso de tal naturaleza”, opinión en la que coinciden muchos. Yo por mi parte me atrevo a opinar cosa contraria: “Cuál sería el nivel de desesperación de una persona, que sin importar su familia prefirió quitarse la vida a seguir soportando tal humillación y maltrato”.

Tal vez no debería estar escribiendo sobre la muerte de trabajadores por acoso laboral. Podría haber escrito sobre la reforma al procedimiento laboral o sobre la necesidad de nuevos y permanentes procesos y acuerdos de descongestión judicial que permitan una justicia rápida y eficaz. Pero debo escribir sobre una realidad que me llega al alma y que me obliga a tratar de generar conciencia colectiva sobre la problemática actual del acoso laboral, problemática que, de llegar a mantenerse, nos llevaría a una muerte anticipada.