Proyecta: Un caso de éxito

HISTORIA DE UN DESAFIO EMPRESARIAL
* Fernando Gómez Casas

Durante mi corta experiencia profesional previa a Proyecta me aterraron muchas cosas. Los empleados tenían miedo constante de sus jefes - que no eran considerados personas sino emperadores de un mundo lejano -. No había amistad en términos verticales de línea jerárquica y la vida personal de cada uno debía estar muy aparte de la empresa. Se observaba con recelo aquellos que salían a la hora en punto o que se tomaban todo el tiempo de almuerzo. La calificación del buen empleado se disputaba entre aquellos que más trasnochaban en la empresa y los que a toda costa querían ser reconocidos ante los jefes.
En ese mundo empresarial en que me sentía corto de inspiración y desmotivado por la larga carrera que me negaba a recorrer para ascender un cargo, me encontré también la posibilidad de gestionar proyectos, a través de empresas de servicios públicos con participación privada. Reconocí entonces otra dura realidad. La intención de muchos empresarios era la de obtener dinero de la manera más fácil, capturando al Estado y a costa de la sociedad. Muchas empresas colombianas debían su éxito a las relaciones y no al sustento técnico de sus administradores. Y entonces, qué camino seguir si no me interesaba hacer carrera en una gran empresa sin corazón frente a la gente, pero tampoco quería hacer parte de empresas exitosas por sus relaciones pero sin corazón frente a la sociedad?
En medio de esos dilemas, y dado que se empezaron a presentar una serie de eventos favorables y coincidencias, que los creyentes reconocemos como “apoyo de Dios”, PROYECTA empezó a ser una alternativa viable de vida, una razón de lucha, una justificación para emprender nuevos proyectos.
Siendo muy corto un camino de siete años, en este momento sabemos con certeza, qué podemos recomendarle a los emprendedores del futuro.
• Un proyecto no puede consistir simplemente en buscar dinero. Es necesario estructurar ideas con un ánimo de cambio social, apoyo a la gente, mejoramiento de los recursos, etc., y cada una de ellas, estando bien concebida, traerá la compensación económica. En general, la ganancia financiera es un resultado, no un objetivo. Es lo que legitima una idea y la diferencia de un proyecto mafioso. Esta concepción, además de traer mayor “confort” desde el punto de vista humano, empieza a generar círculos virtuosos de crecimiento. A nadie le molesta pensar que otro genere cosas buenas, y por tanto, su reputación y el goodwill se incrementa.

• La eficiencia de una empresa o proyecto depende, en una altísima proporción, de los que en ella laboran. En una clase en Madrid escuché la perfecta definición de un principio que aplicábamos en Proyecta: “los socios invierten su dinero en las compañías, los empleados invierten su vida”. Es momento de generar tratos igualitarios, reconocer las necesidades personales y ofrecer alternativas de desarrollo y crecimiento. Los estímulos no vienen exclusivamente de lo económico, muchas veces esos mismos no impactan de la forma como lo hacen otros. Cuántos empresarios hoy en día, conocen y recuerdan a los hijos de sus empleados? Cuántos han hablado con su personal de lo que quieren, lo que les gustaría tener en sus vidas? Sin embargo, todo el mundo reconoce que estando feliz se comporta mejor y produce más.
• Los otros principios se deducen de aquellos que requiere el exigente mercado. En muchas reuniones he escuchado gerentes que justifican sus méritos empresariales en la calidad de sus trabajos. Yo me pregunto: hoy en día, con un mercado globalizado, competitivo y exigente, hacer un trabajo con calidad es un diferenciador? Creo que esos conceptos hay que extinguirlos de nuestra sociedad. Una empresa sin calidad, puntualidad y cumplimiento no debe ni siquiera existir. No nos diferenciamos por tener sistema de gestión de la calidad, es una obligación. Hacer las cosas bien debe estar por descontado en las empresas de nuestra región y es a partir de allí que se construyen los diferenciadores para hacer proyectos exitosos.
• Finalmente, cada proyecto que se emprenda debe contar con aquello que define su éxito o fracaso: el factor diferenciador. Este factor, que ha sido estudiado por expertos como Porter y muchos otros, se construye de manera endógena al proyecto y contiene los siguientes atributos. A través de él se logra la creación de alto valor y por tanto es valioso. Es novedoso y en esa vía no tiene competencia directa. No es fácilmente replicable por los competidores y la copia no lo permitiría igualar. Nueva pregunta, cuántos de los proyectos que emprendemos contienen diferenciadores? Con un agravante y es que la ausencia de diferenciadores conduce a que la posición competitiva no sea sostenible en el mediano plazo. En otras palabras, es imperante la búsqueda de diferenciadores en todos los proyectos, una tarea permanente que no cesa ni siquiera cuando se ha encontrado uno.
Los principios mencionados, que se han vuelto nuestra forma de vida empresarial, nos han traído compensaciones inmensas. A veces el camino se siente más largo, no hay atajos, y en muchos casos las puertas son difíciles de abrir, pero cada paso se da sobre cimientos firmes. Las expectativas son grandes y la posibilidad de contribuir al cambio estructural que requerimos se hace realidad permanentemente. En Proyecta somos optimistas por naturaleza y lo seguiremos siendo.