Este Blog tiene por objetivo presentar reflexiones sobre gerencia y su afectación por las políticas públicas nacionales e internacionales
Responsabilidad Social
El FUTURO: UNA RESPONSABILIDAD DE TODOS
* María del Pilar Gómez Casas
Hablar de responsabilidad social es hablar de un desarrollo sostenible para la sociedad, concepto que según CECODES involucra “una visión de largo plazo que busca el equilibrio entre el crecimiento económico, el acceso a mayores oportunidades para los individuos y la ecoeficiencia, dentro de un proceso de mejoramiento continuo de la acción empresarial que, garantice una mejor calidad de vida para las generaciones presentes y futuras” .
Es así como el desarrollo sostenible no puede ni debe ser ajeno al desarrollo empresarial. La responsabilidad de generar el menor impacto ambiental, así como garantizar una mejor calidad de vida para los trabajadores, es un compromiso de las empresas con el futuro, al tiempo de ser una estrategia favorable para evitar crisis que puedan llevar a afectar gravemente su imagen y, en casos extremos, llevar a la quiebra de la empresa. Es una responsabilidad con las generaciones futuras quienes deben y merecen contar con las mismas posibilidades de utilizar bien los recursos en pro de su bienestar.
A pesar de que en Colombia las regulaciones gubernamentales son aún débiles en esta materia y la expedición de “sellos verdes” responde más a la exigencia de recomponer la imagen a nivel internacional y disminuir la desconfianza en el mercado para favorecer las exportaciones, que a la necesidad de hacer un trabajo social que promueva mejores condiciones laborales para los trabajadores y una oportunidad para disminuir los costos ambientales, debemos reconocer que se han empezado a promover iniciativas empresariales importantes en esta materia, así como la evidente sensibilización y concientización de los ciudadanos.
El boom de los “productos verdes” en todo el mundo, así como el reconocimiento que hacen los consumidores finales a la responsabilidad social de las empresas, a través del posicionamiento de marca y de sus buenas relaciones con las compañías, demuestran que el tema no solo trae beneficios sociales y ambientales sino favorece a la empresa misma.
Según un artículo de la Revista The Economist, “el trabajo normal de las compañías ya sirve a un fin social, al dar empleo y mantener relaciones cordiales con clientes, accionistas y trabajadores” y considera como un error que las empresas asuman su responsabilidad social y como tal inviertan tiempo y recursos en el tema, al parecer no han analizado de fondo los beneficios que esto genera. No se trata sólo de evitar riesgos (demandas, quejas, violaciones a la ley, etc.) sino también de incentivar la preferencia de los inversionistas, consumidores y clientes en los procesos limpios y responsables, lo que en últimas les podrá garantizar su sostenibilidad en el tiempo.
La oportunidad de salir de este “atomismo social” en el que se encuentra el sector empresarial frente a este tema, se traduce en la concientización del daño causado y la transformación de sus prácticas y procedimientos en una producción más limpia, aplicando principios de valoración del capital humano que tenga en cuenta a todos sus grupos de interés, lo que posiblemente aumentará un poco el precio de su producto final, pero sin duda, disminuirá considerablemente el costo social y favorecerá la calidad de vida.
Específicamente en el tema del impacto al entorno, la economía ambiental ha desarrollado la idea de sostenibilidad a partir de la necesidad de reinvertir las ganancias obtenidas del medio ambiente en el lugar mismo donde se extraen, con el fin de mantener constantes los recursos naturales renovables y no renovables; en otras palabras, significa mantener el “stock” de capital constante.
El desarrollo de esta teoría ha dejado al descubierto un grave problema que afrontan los recursos naturales y su posibilidad de sostenerse en el tiempo: “el problema de lo común”, característica principal de la cual goza el medio ambiente, pero que al mismo tiempo actúa como su verdugo; ese bien común que representa y que no tiene definidos sus derechos de propiedad.
Esa característica que le abre puertas a la posibilidad de que cada quien haga uso de los recursos naturales según su parecer, de acuerdo con sus necesidades, sin detenerse en los efectos perjudiciales que esto genera para el resto de personas, incluso para las próximas generaciones, es la llamada “tragedia de lo común”. Aquí nace el concepto de “free raider”, que se refiere a todos aquellos que reciben beneficios a costa del perjuicio de otros. Y es en este punto que debemos cuestionar nuestro papel como empresarios y/o ciudadanos.
El medio ambiente tiene la capacidad de absorber sustancias o desechos, generar un proceso de depuración y no afectarse en gran medida; sin embargo, la empresas no tienen en cuenta este nivel de asimilación y recargan el ecosistema con elementos contaminantes en cantidades superiores a las que es capaz de procesar. Esta sobrecarga producida por encima de la capacidad de asimilación se denomina costo externo marginal, el cual genera situaciones ambientales críticas que pueden desencadenar fenómenos naturales perjudiciales e incontrolables. Un ejemplo es el calentamiento global, sobre el cual debemos tomar conciencia y actuar, en la medida de nuestras posibilidades, con la responsabilidad que como ciudadanos del mundo debemos asumir.
Ser parte de esta “aldea global” de la que hablaba McLuhan, no sólo consiste en ampliar la lista de nuestras posibilidades de crecimiento y desarrollo. Implica también una gran responsabilidad con el efecto que nuestras acciones pueden causar en el otro; un compromiso con el futuro y con nuestro papel que, lejos del free raider, debe garantizar un mañana de oportunidades.
Empresarios…… es hora de trabajar por nuestra sociedad!.
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