sábado, 17 de julio de 2010

Cómo competir en la ley de la selva

* Fernando Gómez Casas

Si bien un pilar fundamental de los modelos de desarrollo económico es la promoción del emprendimiento, en la realidad nuestros gobiernos no hacen mucho por impulsar esta iniciativa empresarial y por el contrario, promueven la concentración de la riqueza y la generación de oligopolios.

Antes de avanzar en la explicación, veamos por qué la competencia entre muchos oferentes de bienes y servicios se considera provechosa para la sociedad.

Las primeras respuestas son lógicas, pues al aumentar la oferta de empresas se logra mayor empleo y un consiguiente incremento de la capacidad de pago de la sociedad que a la postre redunda en crecimiento económico y desarrollo. Además, entre más bienes alternativos exista en el mercado, cada consumidor puede escoger el que mejor cumpla sus expectativas, mientras que al tener competencia se ofrecerá mejor calidad.

Otras justificaciones se han explicado en modelos microeconómicos que demuestran como la libre competencia produce una reducción de precios tal que se igualan a los costos de producción. En este escenario, el vendedor se apropia de lo justo y el consumidor paga lo mínimo. Este escenario se denomina “primer mejor”, pues produce el mayor bienestar social (que se compone de lo que gana el productor mas lo que gana el consumidor).

Debo aclarar que la competencia perfecta es un “objetivo utópico” pues, siendo consecuente con los anteriores artículos en los que se planteó cómo los productos únicos y con alto valor agregado son la fórmula del éxito de los negocios, la realidad no permite que se cumplan los supuestos que exige el modelo como son productos homogéneos. Sin embargo, es claro que las políticas públicas del Estado deben propiciar la competencia.

Habiendo comprendido porqué la competencia entre muchos participantes es provechosa para toda la sociedad, analicemos las incoherencias en el proceso de iniciativa empresarial.

Para desarrollar su idea, un emprendedor requiere capital que, en la mayoría de los casos, no posee. En un país como la China el emprendedor recurriría a los bancos de fomento y/o fondos de capital de riesgo que evalúan sistemáticamente las ideas y las apalancan a través de una compensación con participación en el proyecto. En Latinoamérica, el emprendedor deberá ir a un banco comercial a que evalúen su capacidad financiera y le digan si es susceptible de endeudarse. El resultado general del sistema es que sólo quien tiene recursos económicos y suficientes garantías y/o colaterales, es receptor de financiación, que además es más costosa, por ser calificado de “alto riesgo”.

Una vez el emprendedor obtiene financiación y su compañía entra en operación, debe buscar oportunidades de negocios en el Estado y/o en el sector privado.

El Estado, casi con total certeza, es una puerta cerrada. La oportunidad se ofrece sólo al que tiene capacidad financiera y alta experiencia. Una compañía en una licitación debe demostrar solidez con indicadores financieros que, en muchos casos, no tienen sentido. Se exige normalmente el Capital de Trabajo, calculado como activos corrientes menos pasivos corrientes, que no demuestra en absoluto la liquidez requerida para la ejecución de un contrato (no profundizaré la crítica a la forma de evaluación de licitaciones que permite extensos análisis al respecto). Por otro lado, se solicitan años de vida de la compañía y una experiencia específica que parece premiar a los contratistas de siempre frente a los nuevos.

En cuanto a la competencia privada, es difícil robar porciones de mercado a empresas que habiendo recuperado sus inversiones iniciales tienen una productividad naturalmente mayor. No hay costos fijos, existen economías de escala y la curva de aprendizaje genera un “know how” con el que es difícil competir. Pero como si el reto fuera poco, los acuerdos de estabilidad y la capacidad de lobby que tienen las compañías grandes, son otras ventajas sobre los pequeños empresarios que sienten que se les "roba" gran parte de su futuro en impuestos.

Cómo sortear esas dificultades? Primero que todo, con ideas sólidas y bien fundamentadas, mejor entrenamiento y educación de calidad enfocada a la capacidad de generar proyectos nuevos.

En muchos países se obliga a que dentro de las asociaciones contractuales, un porcentaje se ceda a compañías nuevas que demuestren calidades de sus administradores, pero no las "palancas" (soporte financiero, know-how, etc) que es imposible tener cuando se está empezando un proyecto.

Es menester del Estado tomar conciencia de la situación y tornar ese ambiente adverso y casi hostil al emprendimiento, que más parece una ley de la selva, hacia el verdadero objetivo del desarrollo que es aumentar en el tamaño de la oferta empresarial y que al fin producirá el bienestar social que requerimos.

3 comentarios:

  1. Me parece una opinión muy acertada. Si bien es cierto que la competencia es provechosa para todas las partes; la realidad no aporta mucho a este objetivo. Como expones el contexto actual no permite una competencia sana. Se requieren nuevos proyectos emprendedores, nuevas ideas, nuevos métodos, sin embargo El Estado no proporciona las herramientas para que nuevos y pequeños oferentes tengan oportunidad. Es irónico y contradictorio ya que las empresas pequeñas no cuentan con el respaldo financiero pues para que éste sea otorgado casi que deben demostrar que” no lo necesitan”. Además se requiere muchas veces contar con una experiencia que nunca se conseguirá sino se cambian estas políticas, ya que como ocurre en el ámbito laboral ¿cómo tienes experiencia si nadie se arriesga a proveerte la primera oportunidad? . Este último aspecto que se convierte en un gran obstáculo que creo podría generar en ocasiones un riesgo mayor, y es que aquellos nuevos oferentes puedan caer en competencia desleal, por así decirlo al recurrir a aquellas actividades de dudosa honestidad como acreditar una experiencia no real.
    Se requiere compromiso de los oferentes grandes, pequeños, antiguos, nuevos, privados y ante todo del Estado, en la generación de oportunidades igualitarias, como la mencionas de ceder participación a compañías nuevas en asociaciones contractuales. Recordar que los grandes alguna vez fueron pequeños y responder a la responsabilidad de generar progreso conjuntamente para el crecimiento de todos y el bienestar social.

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  2. Me llama mucho la atención tu reflexión y el llamado que haces al estado para que tome consciencia respecto política de promoción de empresa, de competencia y de incentivo a la mente y actitud emprendedora; ya que como lo mencionas esto se constituye en un pilar de los modelos de desarrollo económico, sin embargo después de leer este articulo no pude alejarme de varias preguntas:
    Porque un estado conocedor de los modelos de desarrollo económico insiste en sus políticas en favorecer a los mas fuertes, promover concentraciones de riqueza, en hacer mas difícil el camino para el emprendedor y hacer mas grande la diferencia social? Podríamos pensar entonces que no es conveniente para el estado el desarrollo económico, que la administración de la política publica dejo de tener objetivos sociales para favorecer intereses particulares? Cual es el interés del estado en poner limites la mente y creatividad de los que podrían ser grandes empresarios? Porque para tener una oportunidad con el estado y poder competir el empresario tiene que conocer la tan nombrada corrupción?

    Talvez tú con tu amplia experiencia en el sector público me puedas ayudar a comprender cuales son esas barreras,intereses o teoria de administración pública que no permiten que el estado haga lo que sabe que debe hacer?

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  3. Me parece que un punto de partida importante tiene que ver con la conciencia de la sociedad.

    Muchas veces todos conocemos los problemas pero no nos atrevemos a plantearlos de forma abierta y por eso no trascienden. Una vez las voces se hacen más, el siguiente paso es exigir a los gobernantes la generación de políticas en ese sentido. Parece muy difícil pero se puede.

    En sociedades como la nuestra los grupos de presión más sólidos están conformados precisamente por aquellos a quienes no les conviene que las cosas cambien, no quieren competencia ni tener que compartir sus negocios, y por eso tratan de influir en los políticos para la generación de barreras de entrada que dificulten la iniciativa privada. No es que el Estado tenga interés directo en desincentivar el emprendimiento pero finalmente cae rendido ante la inmensa capacidad de lobby de los grandes empresarios, y al final, no hay políticas ni decisiones de gran impacto en apoyo de los pequeños.

    Acerca de esta problematica hay muchos estudios alrededor de lo que se denomina la "Teoría de la Captura del Regulador", según la cual, las políticas públicas tienen orientación que favorece los grupos de interés más fuertes. Esta situación no únicamente se presenta en Latinoamérica sino en todo el mundo, sólo que con la aplicación del "check and balance" en sistemas políticos como el americano y con una gestión de lobby "por encima de la mesa", se hace posible controlar los favorecimientos y hacer que prevalezca el interés general.

    Para la renovación en nuestra sociedad, debemos trabajar unidos exigiendo leyes que favorezcan el emprendimiento, con el apoyo de agremiaciones y academia, y así mismo, apoyarnos en gobernantes que observemos con menor disposición a ser capturados por grupos de interés. Es un camino largo, lento y en muchos casos tortuoso, pero que hay que transitarlo necesariamente para lograr el desarrollo en nuestras naciones.

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